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La econoficción de occidente

Publicado en Libertad Digital el 11 04 2010

Recientemente Brad DeLong (un tipo bastante célebre entre economistas del mainstream) afirmo que la economía, o teoría económica, es una ficción, una bufonada:

Uno de los vergonzosos y sucios secretos de la economía es que no hay tal cosa como la teoría económica propiamente dicha.

¿Cuáles son las conclusiones ‘correctas’? [...] Hay dos. Un tipo decide, por razones no económicas y no científicas [...] El otro enseña lecciones y propone principios que serán de utilidad a los votantes, burócratas y los políticos en su intento de guiar nuestra civilización.

Ambas conclusiones parecen las opciones de un tirano más que las de un economista. ¿Y qué es la teoría económica para DeLong? Un juego de intereses entre amigos (economistas y políticos; políticos y lobbies...). De aquí habrá salido el término anglosajón que define la forma de hacer política económica: crony capitalism (capitalismo de amigotes). Antes llamado capitalismo corporativo, de Estado, economía del fascismo o simplemente "neoliberalismo". Nada de eso tiene que ver con el liberalismo que se basa en la total libertad económica y civil.

Los comentarios de DeLong, sin embargo, pueden tener una lectura acertada. DeLong, en realidad y sin darse cuenta, ha descrito la prostitución occidental de todo. Por ejemplo, Aristóteles afirmó que las mayores características del político eran la honradez y la virtud. Para nosotros la política es la prostitución de cualquier idea y la asociamos a la corrupción. Lo mismo le ha ocurrido a la economía. Si Carl Menger levantara la cabeza y viera que la economía ha dejado de ser el pilar de una ciencia social para convertirse en la máxima expresión de populismo y compra de votos, no se llevaría menor decepción que Aristóteles.

Fíjense en Zapatero. Esta misma semana ha dicho que el país ha mejorado desde que gobierna. Sí, sí, tal cual. Celebra que la tasa de desempleo haya bajado del 20% en el tercer trimestre cuando tal logro se ha debido íntegramente al aumento de los asalariados públicos. Desde 2007, los trabajadores del Gobierno han crecido en 300.000 personas y la economía privada ha perdido 1,7 millones. Según Eurostat, hasta septiembre España era el país con mayor número de desempleados de Europa.

La econoficción de los Gobiernos occidentales proclama, por ejemplo, que los subsidios de desempleo ayudan al trabajador hasta que encuentra un nuevo empleo y que esto no dilata el periodo para acceder a un nuevo trabajo. Es absurdo. El subsidio de desempleo es una subvención. No tiene nada que ver con un seguro. Cuando un Gobierno da una subvención al ejercicio de una actividad, ésta crece a costa del dinero del ciudadano. Es dinero gratis para quien percibe la renta o la dotación. Si el Estado subsidia el desempleo, quiere decir que lo subvenciona. Si lo subvenciona, quiere decir que lo impulsa. A mayores subsidios de desempleo estatal en dinero y/o tiempo, mayor paro. España vive en una eterna cultura del paro gracias a la "generosidad" del Gobierno. Europa, ahora Estados Unidos, y muy especialmente nuestro país, se han convertido en yonkis del rentismo estatal. El ciudadano es tan dependiente del Estado como el drogadicto de su camello.

DeLong tiene razón al afirmar que la economía es una bufonada, pero sólo cuando la toma el Estado bajo su responsabilidad. Pierde sus pilares científicos para convertirse en un juego de intereses. Se inventa teorías y leyes surrealistas cuadrando números imposibles con la única finalidad de conseguir más dinero y poder. En realidad, no es el dinero lo que el Gobierno ansía, éste es un medio para un fin mayor: el Poder y el control. A más Gobierno, mayor Estado policial económico y civil.

Esto contrasta con la visión del ciudadano corriente. Que el Gobierno haga trampas, prometa cosas que después no hará o se dedique a regalar dinero sacando el doble de recursos de los impuestos es como hacer trampas al solitario. No es así. El Estado no es un teórico, ni representa los intereses de la gente. El Gobierno se ha convertido en tal monstruo corporativo que sólo representa sus intereses particulares. Su existencia sólo se explica para mantener sus excesos. Su único objetivo es crecer. El Estado Omnipotente se ha convertido en una empresa con la potestad de usar la fuerza contra sus súbditos. Es como la mafia, pero en legal.

DeLong es un economista pésimo, como su maestro Keynes. Pero ambos han demostrado ser unos teóricos políticos extraordinarios. Lo gracioso es que Keynes usó la política populista para inventar su modelo económico, y ahora, DeLong, afirma que eso mismo es un fraude.

La economía, bien dibujada como lo hace la Escuela Austriaca, es ciencia. La politización de la economía inventada por Keynes y desenmascarada por DeLong no es más que más que una ópera bufa. Sin darse cuenta, DeLong ha descubierto la doctrina de la Public Choice.

Jorge Valín es miembro del Instituto Juan de Mariana

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