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Liberar el mercado


Por Peter J. Boettke [2]
Traducción de Mario Šilar [3]

Hayek sostuvo que la curiosa tarea de la economía es demostrarle a los hombres lo poco que realmente saben de lo que imaginan que pueden diseñar”. Haríamos bien en atender a su consejo y esforzarnos por revitalizar una concepción adecuada de lo que significa una economía de libre mercado.
La concepción de una economía de libre mercado, tal y como se encuentra formulada en las obras de Adam Smith o de F. A. Hayek, no ha perdido su sentido. De hecho, su rechazo sería trágico, y no sólo en el sentido intelectual de la pérdida. El rechazo sería una tragedia también en el mundo de la praxis, que terminaría por comprometer el bienestar de millones de personas en todo el planeta.
Lo que en verdad se debe rechazar es la “ideología de libre mercado”, tal y como es caricaturizada por los críticos y corrompida por la política. Creo que es ahora, y de un modo que nunca antes he visto en mi vida profesional, la economía de libre mercado necesita capturar la imaginación de los jóvenes científicos, investigadores de la ciencia política y el público en general, para que se pueda revertir la catástrofe económica en la que nos encontramos, consecuencia de la irresponsabilidad fiscal y de una política monetaria errada. La crítica situación fiscal que se vive en Europa y en los Estados Unidos no es una cuestión de pareceres o meras opiniones; simplemente se ha llegado al punto límite en lo que a la posibilidad de un gasto público sostenible se refiere. Con el fin de enfrentar el problema, se deben volver a abordar las cuestiones fundamentales respecto de la adecuada dimensión y del alcance del gobierno en una sociedad libre. Un razonamiento económico sólido y no elucubraciones de teorías fantásticas es lo que se requiere para esta tarea.
Los últimos treinta años confirman la validez de la sentencia de Adam Smith en la que se afirma que “el esfuerzo natural de toda persona por mejorar su propia condición… tiene una fuerza tal que es capaz por sí solo y sin ningún tipo de ayuda, no sólo de conducir a toda la sociedad al bienestar y prosperidad, sino también de superar el centenar de obstrucciones impertinentes con el que la locura de las leyes humanas muy a menudo entorpece su actuar".
Durante “la era de Milton Friedman”, tal y como fue apodada por Andrei Schleifer[4], desarrollos esenciales en materia de libertad económica –los procesos de desregulación en Estados Unidos y Reino Unido, el colapso del comunismo en Europa Central y del Este, y la apertura de las economías de China e Indio– permitieron a los individuos superar muchas de las acostumbradas intromisiones de los gobiernos en la economía. Entre los años 1980 y 2005, se registraron mejoras a nivel mundial en la esperanza de vida, en la educación, en los niveles de cultura democrática y en los distintos estándares de vida; y ello como consecuencia de la integración de los mercados en una economía mundial que permitió sacar a miles de millones de personas de la pobreza, la ignorancia y la miseria.
El ataque terrorista del 11 de septiembre de 2011 propició un cambio en este escenario. La “guerra contra el terror” justificó una nueva gran expansión del tamaño y alcance del gobierno. En consecuencia, así como sucedió con la Gran Depresión anterior a esta, la Gran Recesión estuvo precedida no por una administración que “no hiciera nada” (“do nothing”), y que promoviera las políticas de libre mercado, sino por una administración activista que abrazó el poder de la intervención gubernamental y que expandió enormemente el rol del gobierno, extendiéndose a toda la economía y a la sociedad en su conjunto.
Los grandes pensadores económicos del libre mercado, desde Adam Smith hasta F. A. Hayek hubieran sido capaces de entender por qué sucedió este cambio. Ellos nunca sostuvieron que los hombres fueran agentes hiper-racionales, revestidos de una absoluta y completa carga de información, y que actuaran en mercados de competencia perfecta. En verdad, ellos afirmaron algo mucho más humilde. En efecto, sostuvieron que los individuos perseguirán, de la mejor manera posible, aquellas actividades que está en su interés perseguir. Estos pensadores sabían que los individuos son individuos, que son falibles, pero que son también actores humanos capaces, revestidos de atractivas esperanzas e inquietantes temores y no simples calculadores de placer y dolor.
La falibilidad humana puede causar “fallos” y mercados ineficientes, pero esta acuciada falibilidad es la que también permite poner en movimiento todo el proceso de mercado, que es un proceso de descubrimiento y adaptación.
Un escenario que ofrezca la presencia de unos derechos de propiedad privada correctamente delimitados, un sistema consolidado de libertad de precios, y una contabilidad de ganancias y pérdidas adecuada, permite coordinar los incentivos y transmitir la información necesaria, permitiendo que los agentes adquieran mejor conciencia de los beneficios mutuos que se pueden lograr mediante la actividad de intercambio comercial realizada entre ellos. Los mercados eficientes son el resultado de este proceso de descubrimiento, aprendizaje y adecuación de la acción, y no una asunción que deba formar parte desde el mismo inicio del análisis teórico[5]. No obstante, ese proceso opera dentro de un marco de instituciones políticas, legales y sociales. Esas instituciones pueden promulgar políticas que bloqueen este proceso de descubrimiento, dificulten el aprendizaje, e impidan los procesos de corrección, haciendo que el mercado opere deficientemente.
Por tanto, más que pensar que la ideología del libre mercado haya quedado obsoleta, lo que se necesita es una concepción revitalizada de lo que en verdad significa la economía de libre mercado: una sociedad de individuos libres y responsables que tienen la oportunidad de prosperar mediante la coordinación y cooperación social, en el contexto de una economía de mercado que se apoya en el sistema de pérdidas y ganancias; y que vivan en comunidades solidarias (caring communities). Sí, comunidades solidarias. El Adam Smith que escribió “La riqueza de las naciones”, también escribió “La teoría de los sentimientos morales”, y el F. A. Hayek que escribió “Individualismo y orden económico”, es el mismo que escribió “La fatal arrogancia”. El desafío actual consiste en ser capaces de comprender la noción de libre mercado de una manera más adecuado y en todas sus implicancias, de modo que se puedan entender con mayor claridad las precondiciones que resultan necesarias para que el hombre pueda vivir mejor, y en un mundo de progreso, paz y prosperidad.


[1] Versión original: “Free the Market” (Peter J. Boettke), publicado en: http://theeuropean-magazine.com/348-boettke-peter/349-the-legacy-of-smith-and-hayek. Traducción de Mario Šilar.
[2] Peter J. Boettke es University Professor of Economics en la George Mason University, y BB&T Professor for the Study of Capitalism en el Mercatus Center. Es autor del libro Economics for Yesterday, Today and Tomorrow: On the Teaching, and Teachers, of Economics, de próxima aparición.
[3] Research Senior Research, Instituto Acton Argentina.
[4] Ver Andrei Schleifer, “The Age of Milton Friedman”, en Jorunal of Economic Literature 2009, 47:1, 123-135, http://www.economics.harvard.edu/faculty/shleifer/files/JEL_2009_final.pdf.
[5] Ver Boettke, P. J., “What Happened to ‘Efficient Markets’?”, en The Independent Review, v. 14, nº 3, Winter 2010, pp. 363-375, http://www.independent.org/pdf/tir/tir_14_03_03_boettke.pdf