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2010 acaba mal: Nuevo Código Penal, Ley Sinde, y Pornoescaners

Acabamos 2010 de forma agria. Han aprobado el nuevo código penal donde el Gobierno puede
robarnos nuestro vehículo. La ley de economía sostenible, que contempla la ley Sinde, no se aprobado,
pero el 15 de enero podría entrar en el Senado. A esta continua violación de derechos sumamos que
a partir de enero de 2011 entran en vigor los pornoescaners, es decir, aquellos dispositivos que nos
desnudan en los aeropuertos en nombre de la seguridad de todos. Por el bien común otra vez.

¿Tiene derecho el Gobierno a crear y mantener tal Estado Policial sobre nuestras vidas? La sensación
y la potencia que ofrece la promesa de la seguridad son muy fuertes para el hombre, especialmente
para los intelectualmente más débiles. Los que defienden las medidas del Gobierno siempre lo hacen
en aras de un mayor bienestar, confort y seguridad mínima garantizada. Son estos eslóganes que los
medios afines al Poder chillan y los ciudadanos complacientes repiten sin parar. La experiencia nos ha
mostrado que esta fe irracional no funciona. La seguridad económica de los subsidios de desempleo
ha creado cotas alarmantes de parados en España. La seguridad de la policía solo ha significado
cambiar al delincuente común por el estatal. La policía es un trabajador más del Gobierno que vela por
el bienestar del Estado y no del ciudadano. El impulso de las medidas ecológicas solo son cuotas que
pagan los políticos para satisfacer al lobby verde. Incluso cuando estas cusan miles de muertes entre
niños y adultos por inanición, como ya pasó con los biocombustibles.

La realidad es que si el Gobierno se proclama defensor de alguna meta, se apodera de sus medios,
propiedad y causa. Eso significa que traspasaremos nuestra seguridad, destino, mente y cuerpos a la
voluntad del político, del burócrata. Si toma como suyo velar por la información, perderemos nuestra
libertad para decir y hacer aquello que queramos.

En el momento que los políticos consideran oportuno ser los máximos responsables de la seguridad
vial por ejemplo, significa que se apropian de nuestros actos como conductores, paseantes o
transeúntes. Nos convertimos en los engranajes de su maquinaria de seguridad y coerción. No
tiene derecho el Gobierno, bajo la máxima de la seguridad, a apoderarse de nuestros actos, ya
sean “buenos” o “malos”. Ellos no reducirán la maldad de las acciones, solo legislarán en su favor y
esconderán la realidad bajo la manipulación de las estadísticas.

Los políticos quieren meterse en Internet para hacerla más justa para ellos. Es la forma de pagar
favores a los lobbies que les han llevado al Poder —los de la Ceja— y agradar al gran mandatario
Obama. El gran tema de debate bajo la que se esconde la ley Sinde —la propiedad intelectual—, es
una gran falacia. La propiedad intelectual solo es un monopolio más de fuerza. No tiene nada que ver
con la cultura, ni con el bien de todos. El Estado no representa la cultura. La cultura es de la sociedad
civil. Nadie tiene derecho a imponer leyes sobre ella.

Nuestra seguridad y acciones dependen de la sociedad civil, no del Gobierno. Una pistola en la cabina
de los pilotos ahorraría los pornoescaner del Gobierno. La seguridad en zonas privadas la han de
tomar sus propietarios. Obligar a prohibir fumar en un restaurante es un ataque contra la propiedad
privada del amo del establecimiento. Él decide, no el Gobierno. Las decisiones del restaurante y
aeropuertos no son, ni han de ser nunca, tema de Estado.

No podemos delegar derechos que ni nosotros tenemos en el monopolio de la fuerza. Si una
empresa cerrase una web ajena a ella sería juzgada y condenada. ¿Qué derecho tiene el Gobierno a
hacérnoslo a nosotros? ¿Qué derecho puede tener nuestro portero a desnudaros al entrar en el edificio
por “razones de seguridad”? El mismo que el Gobierno, ninguno. ¿Qué derecho tiene cualquier vecino
nuestro a requisarnos el coche en nombre del bien común? Nosotros somos los propietarios, no el
vecino al que no le hemos dado consentimiento sobre nosotros, ni el Estado.

Las leyes del Gobierno son todas contra los principios básicos del hombre. Si se apodera de ellas, sólo
nos convertiremos en un resorte más de su maquinaria sin ninguna libertad.

Por Jorge Valín.

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